Bon Iver
Texto: Jaime Arracó / Ilustración: Mariana Rojas (La Furia)

Bon Iver For Emma, Forever Ago
Jagjaguwar
4AD ¡Pop Stock! (2008)
Justin Vernon estaba malherido. Había sido víctima de un doble castigo, su compañera Emma y su banda de rock Deyarmond Edison se desligaron de él repentina y paralelamente. Duros batacazos para el frágil Justin. Estaba tan agonizante que tuvo que escapar. Allí estaba desamparado. Se encomendaría a la solvencia de la soledad. No haría caso de los fútiles consejos de camaradería y se distanciaría de su personificado dolor. ¿Qué mejor lugar para intimar con esos demonios que lo estaban flagelando que la cabaña que su padre tenía en los bosques de Wisconsin? Allí enfrentaría esos problemas personales de una manera intacta, sin distracciones ni influencias. Escuchando únicamente música coral, solo los niños cantores de Viena mediaron entre lo ocurrido y lo que estaba por advenir. Su reclusión empezó a inicios del, como preveía, más desapacible invierno de su vida. Dijo que ese enclave era el mejor lugar al que acudir cuando se quiere ser creativo. No se equivocó. Allí aislado creó un nuevo y místico proyecto musical llamado Bon Iver (en francés bon hiver significa buen invierno). Se expuso, se intervino a corazón abierto y extrajo unas melodias con fidedignos falsetes. Una música descarnadamente hermosa. Un folk doloroso pero reverdecido. Unos cantos crudos que nos hacen intimar y empatizar con el bueno de Justin. A mí la vulnerabilidad siempre me ha cautivado y él en este disco es un cordero que iba para la matanza. Durante los tres meses que estuvo confinado entre madera húmeda y oxígeno renovado grabó nueve canciones que a posteriori fueron su álbum debut, For Emma, Forever Ago. Un disco que sólo se pudo engendrar con las semillas de la intimidad y del desamor.

