Elvis, Plegar Ideas

Foto: Andrés Romero / Texto: Paola Hernández
Cualquier cosa que pueda plegarse se convierte en pura realidad
“Es muy divertido desarrollar lo que hago, todo el tiempo ensayo, juego y pruebo. Mi trabajo es hedonista, obtengo mucho de él. Todo es una celebración cuando produzco algo que, entre comillas, he terminado. Celebro cuando se me ocurre una nueva idea”.
Reconocido como Elvis en el mundo del diseño industrial, en la docencia y de paso, en la escena rockera colombiana, es un explorador empedernido de la forma, quien a partir de la repetición de varias piezas iguales, configura módulos que terminan convirtiéndose en ingeniosos y curiosos objetos como lámparas, paredes, sillas, biombos y un sinnúmero de posibilidades, basadas en los principios de una escuela funcionalista a la quien él mismo asegura pertenecer.
En sus palabras: “En mi caso, el objeto simplemente resulta de la fusión entre la forma y la función. Por ejemplo, ahora estoy planeando un portarretratos que tiene la forma de una flor, siempre la tienes, pero no todas las veces quieres ver a la persona que está allí y de algún modo, el objeto te soluciona el lío y te desaparece a ese personaje que no deseas tener en frente”.
Con Pastís sobre sus piernas, una gata que lo acompaña durante nuestra charla, acerca de las mil una posibilidades de extraer encantadoras piezas a partir del plegado de láminas de diversos materiales, Elvis habla para Neón acerca de sus diseños, sus motivaciones creativas y de algunos procesos de su oficio.
Desde niños, muchos tenemos la certeza de lo que queremos ser de adultos. ¿A usted le pasó lo mismo?
Yo era un niño tipo Calvin y Hobbes, mientras mis amigos dibujaban sus casitas, yo diseñaba naves espaciales. Los juguetes que había en ese entonces eran cosas como carros de colección y animales de granja, de esta manera tuve que ingeniármelas para construir mis propios juguetes, así que me volví un experto convirtiendo carritos en ovnis, vacas en dinosaurios y muñecos convencionales en astronautas. Use papel, cartón y plastilina.
La naturaleza lo inspira, indudablemente…
Me he involucrado mucho con la biónica, que básicamente es el diseño desde la naturaleza. Por eso muchas de mis las lámparas tienen un aire a flores y vegetales, y esa es la búsqueda de la forma que intento con mis productos.
¿Cuál es su mayor fascinación a la hora de construir un producto?
Casi todo responde al acto de plegar, yo una vez decía que la palabra plegaria viene de doblarse ante algo que es sagrado y eso me parece algo bien bonito, todo tiene curvas de alguna manera, es algo sensual y que te invita a seguirlo.
Los colores, las formas y sus diseños cóncavos, curveados y ensamblados, entre otras características impactan y podría decirse que transgreden algunos espacios. ¿Cómo sucede esto?
El espacio no es tuyo hasta que no te apropias de él. Me interesa que mis lámparas tengan una personalidad porque así suene redundante, sirven para personalizarlo. Así que no son cualquier objeto, son muy escultóricas, iluminan y marcan un lugar. En este caso, el diseño va más allá del aspecto de ser práctico. Es más para generar una atmósfera. Inventa un ambiente que es propicio para ciertas cosas. – Si quieres imaginarte entre la luz de una chimenea, una lámpara pop up naranja te da esa posibilidad.
Materiales como polipropileno, aluminio y cartón son los que más utiliza para elaborar muchos de sus productos, sin embargo, hay en usted una gran fascinación por el papel. ¿Qué le produce en esta materia prima?
Siempre me gustó el trabajo con papel, porque es sencillo y accesible.
La pregunta infaltable y cliché: ¿Qué es lo que te da luces para diseñar?
En mi caso trato de estar abierto a otras cosas, como la literatura, el cine, la ciencia y hasta la misma música. Formalmente, he tenido un coqueteo con la arquitectura porque intento llevar a la máxima escala posible mis proyectos. También hice un postgrado en ingeniería biomédica y además soy el cantante de Estados Alterados (risas). El diseño es por definición interdisciplinario porque uno debe entenderse con ingenieros, biólogos, arquitectos, etc.
Cualquier momento y lugar es preciso para el nacimiento de una buena idea. ¿Alguna vez se le ha ocurrido algo genial que lo haya cogido fuera de base?
Siempre llevo conmigo una libreta, estoy conectado con la calle, con todo lo que observo y con todo lo que me cuenten. Como se lo comentaba a una amiga por estos días, hago esculturas de coffee break. Es decir, que puedo estar sentado en una cafetería o en donde sea y uso todos los papeles que me encuentre. Empiezo a jugar y experimentar formas. Hace poco me senté a tomar bocetos del patrón de unas medias estampadas porque eso me iba a servir para plegarlo y darle volumen a una lámina. Las lámparas, por ejemplo surgen de las esculturas de coffee break. Y de allí salen muchas ideas.
¿Qué métodos ha implementado últimamente en sus diseños?
Estoy trabajando con superficies minimales tripleperiódicas, a decir verdad es complejo porque requiere de algunas operaciones matemáticas. Definitivamente esto tiene que ver con sistemas, las relaciones entre las partes y la interacción entre cada una de ellas. -No sé si nos estamos metiendo en terrenos muy densos para una lámpara (risas)-.
¿Y cómo se entremezclan sus gustos, aplicados a su carrera?
Empecé a estudiar ingeniería electrónica y vivía con un complejo de culpa permanente porque me gustaba en ese momento el teatro, la música y la exploración formal. Por eso, cada vez que me dedicaba a esas cosas sentía que le estaba robando tiempo a mi carrera. Eso me tenia muy mal, sin embargo, me desencanté de la ingeniería, me pasé al diseño y me di cuenta que todas esas cosas que estaba haciendo me habían enriquecido muchísimo. Así que tomé otra postura cuando entendí que todo esto consiste en tener la mente abierta y establecer relaciones entre todas las cosas que ves.
¿Qué lo gratifica?
Cuando llego a la casa de alguien que no conozco y encuentro un producto mío. Pienso en ese momento que alguien lo compró no porque fuera mi amigo o porque yo se lo regalé. Simplemente lo vio en la calle y lo compró, esa es la validación de mi trabajo.
Otras cualidades de su trabajo…
Tener diseño no debe ser un lujo, en realidad es un derecho. Hay que democratizar el diseño y me esfuerzo porque mis productos salgan a un buen precio. Diseñar cosas caras y elitistas es poco ético y poner al consumidor último a pagar por mis caprichos de diva es ser facilista. Yo en realidad trabajo para que las cosas que hago resulten buenas, bonitas y agradables sin elevar demasiado los costos. Por otra parte, procuro no hacerle juego al consumo tan abiertamente. Me esfuerzo porque mi trabajo sea accesible y tenga sufriente personalidad. A la hora de hablar del tema con mis alumnos, trato hacerles entender que quienes adquieren diseño no es solo personas millonarias (risas).

